Ajmal Khan Road is a long street starting beside Karol Bagh metro station but it is also a huge market, an inexpensive place to buy coton or any garment. But further than that is an amazing human melting pot plus all kind of vehicles among the people, most impresive for sure if -such as me- you go there in your first night in India. I reccomend you to dinner at Roshan di Kulfi.
AJMAL KHAN ROAD
(KAROL BAGH MARKET)
THE CLIP
Llego a Delhi, vuelo de Madrid a Dubai acompañado por Ana María una simpática chica de Timisoara que viaja a Filipinas, en el tránsito de Dubai conozco a Lola, como amigos y vecinos de Marbella y de Madrid volvemos a reencontrarnos para cruzar la frontera de la India juntos, para los dos es nuestro primer viaje, a mi lado hacia Delhi viajaba Kumal, un indio muy majo, con buena conversación, es del Punjab y trabaja en el Algarve -en Albufera- de dónde viene.
En la cámara del asiento que enfoca desde abajo del aparato hacia la tierra voy viendo el aterrizaje, la interminable sucesión de urbanizaciones y descampados entre ellas, una ciudad con muchas calvas que rellena una naturaleza que si desde arriba no se ve excesivamente cuidada desde abajo resulta abandonada a sus suerte. Sólo lo que debe ser el viejo Delhi en el centro se ve más denso, algo que comprobaré muy bien un poco más tarde en el Mercado de Karol Bagh.
La entrada a Delhi ha sido fácil, hemos
cambiado unos pocos euros que se convierten en bastantes rupias, a 71 rupias el
euro, era Thomas Cook , nos hemos precipitado, a cien metros en el mismo
corredor de salida estaba el Banco de India, ya hecha la operación hemos
preferido no ir a mirar ¿para qué , serían 74 o 75 0 76 nunca 80 que es lo que
ayer fijaba el cambio oficial.
La salida del aeropuerto puede ser rapidísima, esta el metro Delhi que por unas 30 rupias lleva hasta Delhi Station y también tres compañías de taxi en las que el pago se fija por adelantado, he escogido Maru, por 650 rupias incluida propina he llegado cómodamente al Hotel, situado en el viejo Delhi.
Hasta llegar allí me he sentido decepcionado, esperaba un elefante sentado en el medio de la carretera, o unas vacas sagradas pastando en el asfalto pero nada, más difícil que ver canguros en Australia, que desde luego no saltan por cada esquina.
(Esto entre parentesis lo escribo en Khajuraho y sí confirmo que tanto aquí en Khajuraho como en Orchha, Datia o Sonagiri... en cualquier lugar de la India -menos en el centro de Delhi- hay vacas que campan a sus anchas, gustando pasear preferentemente por los centros de las calles o carreteras y pastando con hierba, papeles, cartones, incluso billetes de 10 rupias como veremos en Orchha). No me parece mal que se coman los tetrabrics, tienen sus buenos motivos, pero vamos cualquier basura es buena.
AJMAL KHAN ROAD
(KAROL BAGH MARKET)
THE CLIP
Llego a Delhi, vuelo de Madrid a Dubai acompañado por Ana María una simpática chica de Timisoara que viaja a Filipinas, en el tránsito de Dubai conozco a Lola, como amigos y vecinos de Marbella y de Madrid volvemos a reencontrarnos para cruzar la frontera de la India juntos, para los dos es nuestro primer viaje, a mi lado hacia Delhi viajaba Kumal, un indio muy majo, con buena conversación, es del Punjab y trabaja en el Algarve -en Albufera- de dónde viene.
En la cámara del asiento que enfoca desde abajo del aparato hacia la tierra voy viendo el aterrizaje, la interminable sucesión de urbanizaciones y descampados entre ellas, una ciudad con muchas calvas que rellena una naturaleza que si desde arriba no se ve excesivamente cuidada desde abajo resulta abandonada a sus suerte. Sólo lo que debe ser el viejo Delhi en el centro se ve más denso, algo que comprobaré muy bien un poco más tarde en el Mercado de Karol Bagh.
La entrada a Delhi ha sido fácil, hemos
cambiado unos pocos euros que se convierten en bastantes rupias, a 71 rupias el
euro, era Thomas Cook , nos hemos precipitado, a cien metros en el mismo
corredor de salida estaba el Banco de India, ya hecha la operación hemos
preferido no ir a mirar ¿para qué , serían 74 o 75 0 76 nunca 80 que es lo que
ayer fijaba el cambio oficial.La salida del aeropuerto puede ser rapidísima, esta el metro Delhi que por unas 30 rupias lleva hasta Delhi Station y también tres compañías de taxi en las que el pago se fija por adelantado, he escogido Maru, por 650 rupias incluida propina he llegado cómodamente al Hotel, situado en el viejo Delhi.
Hasta llegar allí me he sentido decepcionado, esperaba un elefante sentado en el medio de la carretera, o unas vacas sagradas pastando en el asfalto pero nada, más difícil que ver canguros en Australia, que desde luego no saltan por cada esquina.
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| con el photo booth del Mac |
A cambio una marabunta de coches , los más en
estado de desguace, haciendo filigranas para no rozarse que se acompañan por
una continua y variadísima serenata de bocinas, si no pitas no eres nadie. Los
que más color aportan son los tuk-tuks, chillones en amarillo y verde parecen
haber saltado a los caminos desde el carrusel de cualquier feria, pero “andan
de verdad” y hay a montones.
Eso si viajando en ellos uno va ventilado por
un medio ambiente que ni es agobiante –a las 4 de la tarde al menos- ni tampoco
se puede calificar de pureza de las montañas, como la que indica el agua
mineral del Hotel.
Lo he fotografiado porque no tenía
ilustraciones y me ha hecho gracia su nombre y color. Veo India muy fucsia.
(Pero ya la veía así desde casa)
Bueno, me voy a pasear.
Nada más salir del Hotel me tropiezo con Karol
Bagh Market , sobre Agmal Khan Road, una calle desvencijada, toda esta zona de
Delhi lo está, no se si toda la ciudad, diríase que aquí también ha habido
bombardeos. Una amalgama de casas con ventanas desconchadas, unas rotas, otras
tapadas por un “glamuroso” cartel de esos de Bollywood, de bodas, de cantantes, de modelos. Algunas construcciones o destrucciones -según como se mire- con estilo incluso,
otras más modorras, pero todas, el conjunto sembrando el caos -salvando distancias me recordaban las triste imagenes del dron de Homs de hace unos días- y sobre ellas
puestos y más puestos, más arriba un entramado de cables difícil de superar,
hubiera hecho decenas, cientos de fotos, no exagero pero fuera por recibir esta
primera impresión lo más intensa posible fuera por la dejadez de un día de mas
de 40 horas, no he llevado ni la cámara ni el móvil. Vendían divinidades
en transito multicolor de led incorporado, Shiva, Parvati, Ganesh, Hanuman... toda su mitología, la variedad humana me ha hecho pensar por primera vez en la
India como un país que trata de conciliar extremos. Y honestamente ganaba en
diversidad y bullicio a nuestra Gran Via de ayer-aún sin recurrir a los
foráneos, no tantos y casi desapercibidos-, ellos no, el colorido de atuendos,
la variedad de rasgos físicos, los mil y un puestos, los transportes, no es de
sentido único pero lo parece –muchas calles y callejuelas lo parecen- , las
bocinas y los focos enfrentan a unos vehículos contra otros, coches, motos con
toda la familia a cuestas y algunas compras, tuktuks.. cediéndose el paso al
final, el concierto desafina que da
gusto, sólo se alivia cuando de repente una tanda de ricksaws parece haberse
adueñado de la situación y lo que eran estridentes bocinas ahora pasan a ser
campanillas de todos los tonos de los timbres de las bicicletas, uno pediría
que esa señal se generalizara a todos los vehículos. Para rematar la faena
algunos perros en bandas también se manifiestan.
Y si la India es tan vasta que concilia
extremos, ya lo he pensado en distintas situaciones muy diversas, la última
cuando he cenado en Roshan Di Kulfi, (2816 Ajmal khan Road) menuda entrada más
auténtica, justo lo que buscaba, he tomado un Dosa Masala y un Kulfi Faluda
Kesar Badam Pista a modo de postre, todo regado por un lassi dulce. Lo picante
hasta extremos indecibles se encuentra con lo dulce, mañana sabré si me va a
ser útil el omeoprazol o bastará el lassi.




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